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Como
ya había anunciado días antes, mediante un telegrama dirigido al diario
"La Capital", el día
26 de Octubre de 1910, Don Alfonso Capdeville partió de Telén hacia su
nueva estancia "El Sosneado" en un coche Panhard Levassor de 25
caballos con el chauffeur A. Castro de la casa vendedora y acompañados
del mecánico L. Peremauteu.
Como
después contaba Capdeville, al hacerle la observación al chofer de la
poca cantidad de nafta que llevaban, este le contestó, que no solamente
llevaba la necesaria, si no que incluso no llegarían a utilizar la que
habían dejado almacenada a
mitad de camino, conclusión de la charla Capdeville contaba, que el
chofer casi baja algo de la nafta que había cargado, y agregaba: “Hay
que desconfiar de la gente que sabe demasiado”. (El relato del viaje
explica la razón de la frase empleada)
Partimos
de Telén pasamos por "Santa Camila" de Emilio Lernoud, "La Guadalosa" de Eduardo Madero,
"La Unión" de José Echeveste, "La Vasconia" de Felipe
Errea y llegamos a la estancia "La Maria Teresa" del señor
Enrique Kenny donde tuvo que poner las dos únicas latas de reserva y se
apercibió con estupefacción que había gastado 3, en 15 leguas.
No
pasamos por "La Gladiola" por no gastar nafta pero al tratar de
cortar camino a campo traviesa, perdimos mucho tiempo y gastamos más
nafta, que si hubiéramos ido por el camino, dormimos en la tranquera de
la estancia "La Isla Florida" de los señores Castells y Rossini.
Llegamos
ya sin combustible a la estancia de Juan Casenave y tuvimos que ir en
Sulky a buscar el cajón de nafta que habíamos dejado en reserva, en la
casa del señor Fayetti.
Continuando
el viaje, pasamos por el campo "Las Horquetas" y en menos de
diez leguas nos quedamos nuevamente sin nafta en medio del campo y a
cincuenta leguas de Telén, tardamos un día en conseguir un chasque que
fuera a avisar a Alvear y no hubo mas remedio que esperar.
Pasamos
tres días en ese lugar, sin carne ni galleta, solamente con algunas
conservas, por fin el primero de Septiembre a la 5 p.m. nos llegó un cajón
de nafta (habíamos pedido dos) y luego de
echarlos al tanque decidimos continuar el viaje y viajar de noche,
teníamos mucha luz, cuatro faroles y un faro "Bleriot",
confiado en la pericia del chauffeur le avisé que podía correr, con la
intención de alcanzar Alvear esa noche, Este no se hizo repetir la
invitación, era una delicia correr sobre un camino que ninguno conocía
(iba yo de baqueano) y de vez en cuando llegábamos con toda rapidez sobre
grandes bultos que resultaban ser ranchos que iluminábamos de golpe y en donde nuestra presencia ya señalada por el ruido, acababa de
poner en precipitada fuga a sus moradores.
Después
de pasar un arroyo con hondas barrancas
para lo cual hubo que desnudarse y ver que profundidad tenia el lugar a
vadear, salimos a correr con la esperanza de alcanzar Colonia Alvear antes
de las 10 de la noche, cuando
de pronto el chaffeur nota que le iba faltando nafta.
Hubo
que resignarse a hacer noche y perdimos todo el día siguiente en andar a
pie en busca de población para conseguir a precio de oro un poco de
nafta, por fin llego la anhelada nafta y pudimos llegar a la población
donde nos recibió la familia de Jorge Asia, que nos indicó ir por Monte
Coman, ya habíamos hecho un largo trecho del camino indicado cuando nos
avisaron que más adelante un terraplén recién construido del
ferrocarril nos cortaba el paso, ante la imposibilidad de poder franquear
esa barrera tuvimos que regresar por donde habíamos venido, al otro día
llegamos a San Rafael.
En el
día de descanso aprovecharon para pelearse el chaffeur y el mecánico por
lo que proseguimos viaje con solo uno de ellos hasta nuestra estancia
"El Sosneado"
acompañado ahora por el señor José Arnaudo de la firma Tomas Dodds y
Cia quien fue a medir nuestro
campo y a la vuelta vino conmigo el señor José Joubert que había
viajado a revisar unos campos vecinos
Conclusiones
del viaje:
El coche es demasiado bajo para este tipo de caminos, se necesitaría como
mínimo, un despeje de 35 centímetros de altura, la casa vendedora se ha
equivocado al creer que la potencia era suficiente para hacer ese viaje.
Estoy por probar con un coche de 6 cilindros y una potencia de 35
caballos.
El
coche se comportó muy bien y demostró su robustez
no teniendo problemas mecánicos serios, el mecánico demostró
tener mucha habilidad para resolver los pequeños inconvenientes
que se le presentaron.
El
chauffeur aunque demostró gran habilidad en la conducción, se equivocó
al hacer el cálculo del combustible, por no haber viajado antes en ese
tipo de terrenos.
Actualmente
este automóvil hace el servicio entre San Rafael y "El Sosneado"
distante 38 leguas, aunque necesitaría un poco más de potencia para
sortear algunos tramos del camino.
Analizando
este relato, y conociendo todas las “comodidades” utilizadas en las
competencias de rally internacionales como el “Paris-Dakar” o nuestro
Gran premio Argentino, quiero imaginar como se desempeñarían estos
pilotos, manejando en estas condiciones, sin hojas de ruta ni navegantes,
sin el apoyo logístico de los equipos, sin posicionadores satelitales,
sin helicópteros que vayan a auxiliarlos, sin tracción en las cuatro ruedas y con 25 caballos de potencia.
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