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Arnaldo Domínguez
Por correo electrónico desde
"A
Querência", Itaquaciara, Itapecerica da Serra - São Paulo - Brasil)
19 de junio de 2010
Dice mi
padre que la estancia Poitagüe era de propiedad de alemanes. Diéz léguas
de campo y los dueños no las conocían. Tenían por hábito cambiar los
encargados y administradores a cada cinco años, para evitar que hubiese
intimidad con los empleados. (Costumbre germánica que persiste, al
menos, en una Multinacional Farmacéutica Alemana con la que tuve
contacto en los años '90, en Brasil, hacían lo mismo y era prohibido que
los empleados se relacionasen fuera de la empresa: prohibición imposible
en éstos trópicos calientes tanto cuanto creo que lo fuese en aquellas
Pampas secas).
A los 14 años mi padre trabajaba con un equipo de muchachitos (todos,
entre 14 y 18 años), en la actividad de "Contra-Fuego". Tenían que
mantener aisladas las fronteras entre las estancias, para que el fuego
no se expandiera. Seguramente, como aquí, quemaban el bosque (y todo lo
que viviera en él, hasta los humanos), con el propósito de sembrar para
la hacienda. Hábito que aquí persiste, apesar de los movimientos
destinados a salvar la Mata Atlántica y la Amazónia.
El administrador de la estancia Poitagüe era Teodoro Lincoln por esa
temporada. De sus compañeros de labor él recuerda a Quico Soárez, Cocolo
Berón y el Toto Pescara. (Éstos últimos se dedicaron posteriormente al
obraje y Cocolo, que era provocador, fué asesinado por un hachero: su
fotografía estubo en la iglesia de Telén durante mucho tiempo, para no
olvidarlo).
"Acá, adonde estoy - me decía hoy - está la plaza. A la izquierda, la
iglesia y a la derecha la estatua de Enrique Capdeville (de espaldas a
la iglesia, porque era protestante)". Y allá se fué mi padre en sus
recuerdos: a la plaza de Telén.
Desde donde trajo tres datos importantes (al menos, para él). Que su
padre estaba enterrado en el cementerio del pueblo, pero que le robaron
la cruz y nunca más pudo localizarlo. (La segunda muerte, como decía el
Marqués de Sade, hace desaparecer el símbolo que designa al que allí
está. Desapareciendo, su ausencia se transforma en algo tan presente que
su enigma se convierte en culto). Éste relato lo llevó a recordar una
sentencia de su madre (seguramente cuando no fué obediente): - Vas a ser
loco igual que tu padre! (le habría dicho).
Pero Teodoro Lincoln, quién lo había ascendido a cartero y transportador
de la plata de los sueldos del correo a la estancia, lo alertó:
"Domínguez, usted es un gran muchacho!".
Lloró mi padre en aquella ocasión y hoy, al contarme, se emocionó
nuevamente. ("Perdí un padre por la segunda vez", le dijo a Lincoln que
se iba, obedeciendo el ciclo alemán). Yo le aseguré que no. Que no
perdió. Al contrario: esta frase - ese hombre - lo salvó de la locura
anunciada. O de la muerte.
El encargado era un tal de Fernández y también lo apreciaba. Pero,
cuando Don Pedro García Reviriego y Don Serafín Martínez compraron la
estancia (probablemente en los tiempos de la Segunda Gran Guerra) y
sembraron alfalfa, como Eulogia Tapia, cuando los ojos negros se azulan
mirando esas flores, mi padre se fué a caballo de su pago natal y la
vida lo fué llevando cada vez más lejos.
Hoy, a pocos días del día de los padres (argentinos) yo lo ayudé a
volver. Y pude acompañarlo. Que suerte!
Cariñosamente, (dedicado a todos los padres de mi Pampa),
Arnaldo Domínguez.
(Sítio "A Querência", Itaquaciara, Itapecerica da Serra - São Paulo -
Brasil)
Amalia Brañas
(Me cuenta mediante un correo desde España, 2009)
Mi abuelo se llamaba Ramón Brañas
Arias y mi abuela Amalia Lana Alba.
Mi abuelo emigró a La Argentina
en 1897.
Volvió a España en 1906/1907,
contrajo matrimonio con Amalia y volvió a La Argentina.
Tuvieron 2 Hijos, Simón (nacido
en Victorica en 1908) y Pablo (nacido en Sanatorio Lavalle, por delicada
salud de su madre, en 1916, cuyo nombre se puso por Pablo Capdeville,
según me había contado mi abuelo).
Pablo, mi padre, fue bautizado
por el padre Durando en la Iglesia del Carmen y apadrinado por el
matrimonio Garmendia.
Mi abuelo nos dijo que había
donado a la Iglesia una imagen de San Ramón y la campana pequeña de su
Torre. Este hecho no coincide con lo relatado en la página del
Centenario.
El primer entierro del cementerio
de Telén fue el de un hijo de R. Brañas recién nacido.
Mi padre Pablo siempre tuvo la
ilusión de visitar Telén. No pudo ser, murió hace ahora 6 años.
Mis abuelos vivieron en España
con lo suficiente, pero de manera austera (gastos familia, Guerra
Civil…). Siguieron teniendo correspondencia con los amigos de Telén que
le tuvieron informado de todos los acontecimientos que allí fueron
ocurriendo.
Roberto
Moran (ex intendente municipal)
En una larga charla
que tengo grabada (2002), entre otras cosas me contaba
Cuando estaba en la
intendencia y queriendo celebrar el día del pueblo formamos una comisión
de homenaje, quien junto a la Municipalidad, juntó antecedentes
históricos y nos reunimos con el hijo del fundador Don Enrique
Capdeville, para establecer la fecha de la fundación del pueblo.
Don Enrique
recordaba que en le mes de octubre el padre había decidido la compra de
las tierras, luego de ver la conveniencia de una u otra fecha de ese mes
se decide poner el día 26 como fecha de la fundación del pueblo.
Se elevo el
proyecto a la provincia con los antecedentes mencionados y de ese modo
quedo en firme la fecha fundacional
De esta manera y
siendo el 67° aniversario de la fundación de Telén, por primera vez se
festeja el día del pueblo, fecha que se sigue recordando hasta nuestros
días.
También en mi
gestión con Roberto Gaich y un grupo de vecinos, logramos que se
instalara una agencia del Banco de La Pampa.
En cuanto la
escuela Técnica, modalidad que el gobierno de ese entonces recomendaba
como el vehiculo del progreso, se logró después de un año de lucha,
viajes y diversos contactos realizados por la comisión pro-instituto,
objetivo que se alcanzo al año siguiente durante la intendencia de “Aco”
Trapaglia.
Armando “Tito” García
Fragmento de un correo enviado por
este hijo del pueblo, contestando a mis preguntas sobre la historia de Don
Manuel García y su flia. (Junio de 2002)
"Bueno retomando un poco la parte
de mi historia en Telén y en respuesta a algunas preguntas que me hiciste
te cuento que don Manuel García, mi papá, nació en España, mas
precisamente en Asturias el 26 de Septiembre de 1887; vino con un empleado
de Capdeville a los 20 años a Santa Rosa y de ahí en diligencia a Telén
allá por 1907.
La casa la hizo más o menos en
1919 y también instaló la peluquería, ya que el había trabajado con un tal
Casiano que tenía peluquería y bar (boliche) en donde papá era ayudante,
así que sin querer aprendió de esa manera el oficio de peluquero.
Papá falleció el 13 de abril de
1988, vivió 100 años y 6 meses.
De la escuela me viene el recuerdo
de como disfrutábamos cuando la maestra nos mandaba a llevar algo a la
directora y teníamos que ir arriba al primer piso ya que allí vivía la
directora, tenés que tener en cuenta que en esa época los únicos
edificios de Telén que tenían dos pisos eran la escuela y "el Alto".
En cuanto al aserradero donde
trabajé en mi juventud te cuento que le dio trabajo a mucha gente
empezando por el desmonte, porque el caldén hasta ese momento no había
sido nunca explotado, había rollizos (el tronco del árbol) de hasta 1y 1/2
mts de diámetro que eran trozados en el aserradero. Tenías que haber visto
la cantidad de camiones que hacían falta para transportar la leña para el
ferrocarril ya que ésta reemplazó al carbón de piedra que había dejado de
venir con motivo de la guerra. Habrán sido como 10 ó 15 años de mucho
trabajo.
Me acuerdo también de la máquina
giratoria del ferrocarril que estaba a 3 ó 4 cuadras de mi casa, y también
del embarcadero de hacienda que traían del campo arriando, porque todavía
no existían los camiones-jaulas.
Otra cosa inolvidable eran los
partidos de fútbol entre nuestro Sportivo Telén y Cochicó de
Victorica que eran para nosotros como un Boca-River, y no me quiero
olvidar del cine en el Club Sportivo, matiné a las 6 de la tarde y a la
noche los domingos. ¡Cuántos gratos recuerdos!
Bueno Mota, no te quiero aburrir,
me despido hasta la próxima esperando noticias tuyas. Te mando un fuerte
abrazo para vos y tu mamá, mios y de mi familia".
Mi Abuela Paulina
“Recuerdo cuando llegaban los carros de Peñalosa, al llegar cerca de
“la tranquera blanca” hacían sonar una trompeta que alertaba a todo
el pueblo de su llegada, eran carros tirados con mulas y llevaban los
pedidos de mercadería y volvían cargados con lienzos de lana de los campos, además había otras tropas de carros que hacían
el mismo trabajo como, la de Montero .
Cuando llegó por primera vez el tren, papá no me quiso traer al pueblo
para verlo, me tuve que quedar en el campo, muchísima gente del campo
vino al pueblo para la inauguración, las bombas de estruendo se
escuchaban desde muy lejos, hicieron una fiesta grande y vino una
banda".
El Dr.
Luís Mariano Varela
“Recuerdo cuando tuve
sarampión en 1924, y como tenia anuria (no orinaba) por complicación
renal, el medico que era recién recibido, como tratamiento me aplico
“Puntas de fuego en la región lumbar”, es decir una quemadura, sobre
afección renal, lo más absurdo que darse puede. Y con todo esto me
salve.!!! A pesar del sarampión, que me duró un mes, y del médico...
Pasando a los recuerdos gratos, puedo empezar por decirte que aprendí a
andar a caballo, en el "famoso tobiano de la familia Vargas". Tobiano que era el móvil de tu
abuelo para el reparto de
la correspondencia, en el "extenso y despoblado" pueblo de Telén. Te aseguro que tengo la imagen "como una fotografía" de
Don Vargas, abriendo su cartera de cuero marrón, en la que portaba cartas
y diarios para los vecinos. El correo estaba en ese entonces, en una edificación
de material (ladrillo a la vista, como todas) cuya calle era la paralela
al Boulevard y por tanto casi enfrente a la panadería de "Del Valle
o de Fontan, después, no recuerdo el año, se mudo a una propiedad de
Pedro Trapaglia.
Recordaras, o recordara tu mamá, que antes había sido "La
farmacia del pueblo", toda una institución, de la viuda de Villarino.
"Catin" Vargas,
mi Papá
“Cuando tu abuelo era cartero, el reparto de correspondencia se hacía
hasta en las chacras, y en esa época, venían muchísimos catálogos de
las grandes casas de Buenos Aires, ya que era muy común comprar de esa
manera la ropa, zapatos y
telas, los catálogos de Gath & Chávez y Harrods
y las tiendas La Piedad, Ciudad de Londres, San Juan, Iriarte, San
Miguel, entre otras tantas grandes casas eran muy completos y venían para
todo el pueblo y unido a la correspondencia y diarios se hacían
muy pesados para una sola persona, tus tíos, que eran más
grandes, le ayudaban a papá con el reparto, también solía hacer el
reparto a caballo ”
Pensando en esto que me contaba papá, y cruzando otras referencias que
recopilé en esta investigación, imagino que más encontraría, si yo
pudiera retroceder en el tiempo y echar un vistazo a la cartera de cuero,
del cartero Timoteo Vargas, mi abuelo.
Por ejemplo en 1920 vería, además de los catálogos arriba mencionados, el diario
"La Prensa"
para: La Municipalidad, Carlos Renevier, Bautista Viglino, León Orfila,
y Alejandro Musa entre otros, La revista "Nuestra Tierra" para: Plácido
Zapata, Tiburcio Vander Mey o la de Severino Zossi, algún "Almanaque del
mensajero" o la correspondencia comercial de Garmendia y Cia, Lemme,
Tomas Hernández, Amat, o la Central telefónica de José Varela Seijas, una carta del
diario La Prensa para su corresponsal en Telén, Domingo Blengini, una de
la Droguería para la farmacia de Jesús Villarino, y otra para el Almacén
“El Porvenir" de Generoso Trapaglia.
Y abundante correspondencia particular, con varias cartas con estampillas
extranjeras, italianas, francesas y españolas con noticias del viejo
mundo y de la familia que quedó esperando que algunos de los suyos, se
hiciera " La América ".
Veamos: Dupouy, Pérez, Cabral, Colombier, Polanco, Selaye, Blengini,
Rodríguez, Vander Mey, Echeveste, Villegas, Tolosa, Rosas, Fernández,
Correa, y....ésta?, ¡que perfumada !, a ver, a ver... remite... , no lo puedo leer, hay secreto en las comunicaciones.
Y mirando la cartera en 1930 la historia se repetiría, con más cartas de
más comercios, ¡mirá que hay acá! correspondencia de la Cervecería
Quilmes, las Bodegas El
Globo y vinos Faraón de San Juan y Mendoza
respectivamente para el Señor Varela, y acá, una carta del
Ferrocarril Oeste para la Municipalidad, una lista de precios para Blengini y Perez,
una de la cervecería
Bieckert para Trapaglia, otra para el hotel Telén, otra para
Torres Amat, una de Casa Aguerre, esta para el director del diario “Los
principios” Félix Romero, esta otra para la Agencia Wippet de Miguel
Moisés, ¡Cuantas cartas!.
Y....
veamos las particulares, Alipio Prieto, Kaminsky, Manuel Garcia, Orfila,
Calderón, Diaz, Morales, Velazco, Musa, Salomón, Peralta, ¡Huy ! mirá,
así se indicaba cuando el remitente estaba de luto, ¿ves esta
esquina en el sobre con una raya negra?. A veces también se marcaba de la
misma manera el papel interior, ¡Cuántas emociones encerradas en ésta
cartera!; Un pariente que avisa que viene, una carta de un enamorado, uno
reclamando contestación, otro reclamando el pago de una cuenta, una
nieta escribiendo al abuelo o
una hermana contando al
destinatario, que ya es tío.
Después de
escribir esto, me di cuenta que desde 1914 a 1983, (casi 70 años) el
cartero era “Vargas", primero mi abuelo Timoteo, luego mi tío y desde 1955 mi padre, hasta
que se jubila en 1983, es decir, que
en una buena parte de esta centuria del pueblo fueron ellos los encargados
de “repartir” todas las emociones y novedades que se pueden encerrar
en una carta. Aunque no me
corresponde por ser integrante de la familia, rindo mi homenaje a los "Carteros Vargas".
Agustín
“Toro” Velásquez
Charla grabada en su casa
(2001)
Yo nací en “Los Pozos” en 1910 tengo 90 años de
los cuales no sé si he estado 20 en el pueblo, de los comercios viejos, me acuerdo de Casa Garmendia,
tenía almacén,
carnicería, tienda y
taller mecánico, el mecánico era Lamonica, la casa tenía tres camiones
y compraban y vendían lanas y cueros.
Cerca de donde estaba el
“Hotel Telén", que lo tenía Torrens hubo unas instalaciones
de feria, también me
acuerdo de la Casa Aguerre que estaba allá por la casa de Navarro, y
de la Casa Blengini y Pérez que eran socios, tu abuelo y Corsino, y era
donde después estuvo Trapaglia, de la herrería de Clavé que estaba en
el baldío frente a lo Alfonso Echeveste, allí trabajó mucho tiempo
Nicandro Acuña cuando era joven, también en ese lugar, funcionaba un fúnebre, que era un charret, un carro común, cuando
murió el padre de doña Liboria yo fui hasta Victorica llevando el cajón.
Trabajé un tiempo con León Laborde, atendiendo molinos en el pueblo y el
campo, con el “Piche” Vargas nos tocó desarmar cañerías, y caños
de desagües, construidos de ladrillos en lo que había sido la barraca y lavadero de lana, eso era en donde viven los Reynoso.
Don Calixto Aberasturi
(ex policía territoriano)
Aunque tengo grabado en dos cassettes una larga
y amena charla con Don Calixto, contándome su viaje a Limay Mahuida, que
fue su primer destino, dicho viaje, tenía como punto obligado de su
recorrido, nuestro pueblo,
donde había que hacer una etapa, creí mejor transcribirles el relato que
hace, él mismo, en el libro de su autoría
"El único medio de comunicación
y transporte existente para cubrir el trayecto, era el camión
tal cual sale de fábrica
Arreglados mis pocos elementos personales, esperé en jefatura a las l6
horas de un día muy frío de Junio de 1937, al camión semanal de los días
viernes, Propiedad del Empresario español señor Torres de la Peña, con
residencia en Telén, El camión Chevrolet, modelo 1929, de 6 cilindros,
verde la caja y negro el
capot, con caja de carga a cielo abierto, no protegía ninguna inclemencia
climática que pudiera producirse durante el monótono trayecto.
La cabina de chapa de reducido tamaño, permitía luego del conductor,
espacio para dos personas, con prevalencia mujeres, mayores de edad
avanzada o enfermos. Los de mi edad o en buen estado físico, teníamos la
caja de carga asegurada, y la compartíamos con los bultos buscando el
recoveco que nos lo permitiesen las bolsas de azúcar de 70 kilos, las
barricas de fideos, bolsas de papa, cebolla, harina, galleta, latas con
gasolina, entre otros objetos de almacén embalado en grandes unidades, Si
el cargamento no permitía ir parado, la solución era sentarse o
acostarse sobre la carga.
Se hizo la hora de salir y ¡Arriba!
Emprendimos el viaje arropados con el capote. Conmigo la idea fija llena
de ilusiones e incógnitas.
La primera etapa Santa Rosa–Telén, distaba poco mas de 150 kilómetros.
Descontando que aun en la Pampa ni se pensaba en caminos asfaltados. Con
la simple naturalidad de ese tiempo lejano, marchamos cubriendo caminos de
tierra que no muchos años antes marcaron los carros y chatas de fleteros
y campesinos regionales. Salimos por la Colonia Hilario Lagos, pasando
por los montes de grandes caldenes del paraje "Anquilobo",
donde paró la mensajería porque existía una Dependencia de
comunicaciones del Estado Nacional, dependiente del 25º
Distrito de Correos. Sus guardahilos fueron Don Marcos Suhurt y Muñoz,
quienes recorrían en un Sulky, verificando el estado de las líneas
telegráficas.
Soportamos barquinazos imposibles de sortear porque sería esquivar uno y
caer en otro.
Al fin, a eso de las 21,30 horas llegamos a destino. Estábamos en Telén
luego de 5 horas y media de viaje.
Me alojé en el antiquísimo y hoy desaparecido (por demolición) Hotel de
Doña Luisa, aquí era el paradero de toda la gente vinculada a la cría
de ganado del oeste y paisanaje que venia a pasar unos días "al
pueblo" a jugar al billar, naipes, copas, cuentos, risas y broncas.
Descansamos todo el día siguiente para proseguir desde la madrugada la
segunda etapa: El Odre.
Aproveché el paso por Telén y fui a saludar al encargado de la Comisaría,
Subcomisario Carlos Wallace."
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